Mi familia me llama Adriana, pero yo prefiero que me llamen Umiko. No creo en eso de la edad, para mi son solo unos estúpidos números. Lloro como una miss, camino como un borracho, hablo como una sirvienta y me alimento como un pordiosero. Y no crean que les voy a relatar mi vida en esta cosa. Aunque pensándolo bien, tampoco he tenido eventos importantes como para relatar.